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Mensaje del Parroco

DECIMO SÉPTIMO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO

H

ermanos y hermanas, Jesucristo es el único tesoro que satisface.

En nuestras carreras buscamos cumplir con nuestro trabajo de ensueño, pero muchas veces descubrimos que nuestro trabajo de ensueño es sólo eso, un sueño.

En nuestras vidas personales nos esforzamos por tener una casa más grande, un coche nuevo, y los últimos artefactos, pero estas cosas del tesoro no nos satisfacen realmente. En cambio traen consigo una hipoteca más grande, un pago de coche más grande y a la larga, el deseo de más cosas.

En nuestra primera lectura, Dios pidió al rey Salomón en un sueño que le pidiera algo y que Él, Dios, se lo daría.

Salomón pidió un corazón comprensivo. Podría haber pedido riquezas o una larga vida u otros elementos en la lectura, pero no lo hizo. Dios estaba complacido con su petición y le concedió un corazón que era sabio y comprensivo, diferente a cualquier otro que había existido antes. Salomón quería esto para poder ayudar a otros y así poder tratarlos con justicia.

¿Qué pedirías si Dios viniera a ti y dijera “Pide algo de mí y te lo daré”. ¿Serías capaz de pedir algo que agradaría a Dios?

Considera pedirle a Dios esta semana que te ayude a ser el mejor discípulo de Jesús que pueda ser. Jesús nos dice en el Evangelio de hoy que debemos sacrificarnos para recibir el tesoro que proviene de ser sus discípulos. No debemos centrarnos en el sacrificio, sin embargo, debemos centrarnos en la recompensa que viene del discipulado

¿Cuál es la recompensa del discipulado? Cuando somos discípulos de Jesucristo, estamos comprometidos con las enseñanzas de las escrituras y de nuestra iglesia y nuestro enfoque es amar a Dios ya nuestros vecinos y nuestras vidas cotidianas son transformados.

Vivir como discípulo nunca ha sido fácil en el transcurso de los últimos dos mil años, pero debemos ser fuertes y ser fieles. Si hacemos esto, recibiremos la recompensa final de la vida eterna con Jesús en el cielo. Esta es la recompensa en la que debemos concentrarnos en vez de las recompensas que podamos ganar a través de nuestras carreras o de nuestras posesiones, porque el fin de las carreras y las posesiones no duran, pero la vida eterna es para siempre. ¡Que tengan una bendita semana como discípulos del Señor!

Rev. Robert L. Pope
Vicario parroquial